
La palabra más hermosa, la que un niño suele aprender primera, por ser ella para él el universo en sus manos, “mamá” y el niño la mama, (mamar cosa natural , eficiente, bonita, impulsiva e imprescindible) y la esculpe como madre, cada chupetón en la mamada, un golpe de cincel de un escultor inocente pero artista.
En mi tierra andaluza, aún hay personajes, individuos y algún que otro ser humano, pero jamás un hombre, mamando, mamoneando y sin vergüenza de ser mamarrachos mamones.
Mamones que maman a su mamá,a su papá, a su vecino, a su compañero, parad, que no hay calostro, ya solo sangre.
¡Hombre, señor PIYAYO!
ResponderEliminarYa se le echaba de menos por aquí.
Aunque el texto es ocurrente e incisivo... me quedo con la foto, jejejejeje.
¡Como no lleve cuidado la moza con el chupachups le van a caer las gotas de caramelo por el canalillo!
Tarde pero acertado, jejejeje.
Así me gustan a mí los textos, breves y contundentes.Olé.
ResponderEliminarLe deseo a usted un feliz verano, don José Miguel Cotta. ¡No se haga usted tanto de esperar, buen hombre!
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